Delfina, candidata del pueblo y para el pueblo

De padres obreros, maestra de profesion, hija de albañil, salida del pueblo. Honesta y quiere lo mejor para México

Más que candidata, Delfina es una voz en la que el México trabajador y precario puede reconocer la suya propia. Sus credenciales: haber pasado más de treinta años enseñando valores y las primeras letras a los nuevos ciudadanos. Haber sido presidente municipal en Texcoco y miembro del Congreso de los Diputados federal por Morena. Y ser practicante de una “austeridad republicana” de inspiración juarista.

La fuerza de Delfina no reside exactamente en su carisma, esa “especial capacidad de ciertas personas para atraer o bien fascinar”. Mas por fortuna para ella, esa virtud política va a quedar ausente de la batalla electoral por esta ocasión. Lo que importa ahora es el respaldo que los aspirantes reciban de sus partidos.  Del Mazo llega apoyado por el muy desacreditado Conjunto Atlacomulco, de cuya imagen es ya imposible deshacerse. Y Vázquez Mota, apoyada por Anaya, vuelve empañada por la división del partido en torno a su persona. Delfina por su lado, tiene cubiertas las espaldas por un partido unido, con el liderazgo atractivo de AMLO, entregado a su causa.  En el terreno de la argumentación ¿qué puede acreditar el llamado PRIAN en el Estado de México? El cacicazgo prácticamente secular del PRI y la errante aparición del PAN, haciendo lo mismo, dejan cifras que, pongan como las pongan, prosiguen siendo destructoras.

Los contrincantes a Delfina forman una parte del sistema, y el sistema sabe que el contrincante a vencer no es  sino más bien Andrés Manuel, y que esto no es dos mil diecisiete sino más bien ya dos mil dieciocho. En consecuencia, va a haber tormenta. El signo de los tiempos juega a favor de Delfina: esta es la temporada de los antisistemas, del hartazgo frente a lo establecido, de la volatilidad y las sorpresas electorales. Delfina, sin ser antisistema, tiene un expediente limpio: no es parte integrante de casta alguna que haya regido y desgobernado el Estado de México, y lo hace sin exhibir enfurezco y rencor social que tanto éxito tienen alén de nuestras fronteras.

Su auténtico contrincante no está ni en las personalidades contricantes ni en los razonamientos, sino más bien en la inercia de las cosas, en el previsible absentismo de los incrédulos. Si Morena logra captar las urnas a quienes nada deben perder y quizá algo por ganar, Delfina podría hacerse con la plaza. Si ese es el caso, su gran reto va a ser fomentar, desde abajo, una política de altura. Algo que no se quede en la pura reparación de males.  Política social con sentido empresarial y generación de ocasiones. En definitiva, la bastante difícil demostración de que en la justicia distributiva está la clave del desarrollo. De lo que se vea va a salir el resultado en dos mil dieciocho.

A sus aconsejes de comunicación y también imagen se les propón la cuestión de qué hacer con Delfina; si dejarla como está, o bien dotarla de artillería a costa de su imagen pacífica y “nada enojona”, como  misma afirma. El reto va a estar en captar los ausentes, a los resentidos, y a quienes precisan ser reivindicados, sin abandonar por esta razón a un alegato conciliador y trasversal que disipe los recelos de la menguada clase media cara Morena. Delfina Gómez apenas ha salido de Texcoco. Su experiencia personal como maestra y presidente municipal no es suficiente para encabezar el gobierno de un estado tan complejo y problemático como el Estado de México. Precisaría del apoyo de un equipo de aconsejes que ya anda reuniendo con cualificación y conocimiento de campo, mas sobre todo, del apoyo de funcionarios y también instituciones. El inconveniente es que es que los funcionarios y también instituciones locales están copados por sus contrincantes. No le resultaría simple a Delfina ganarse su fidelidad, especialmente si impone medidas de trasparencia, rigor republicano y todo eso. Bastante difícil adecentar las instituciones y hacerlas eficientes. Todo muy complicado.