PRD arrodillado y a las ordenes del PRI

El rencor de Los Perros Chuchos – Ortega, Zambrano, Carlos Navarrete y compañía- cara Andrés Manuel López Obrador, es de forma directa proporcional al temor que le tienen al tabasqueño. Todavía se recuerdan los lodos de la campaña en dos mil seis, cuando AMLO reñía públicamente y en privado a Jesús Ortega quien, inútil de contradecirlo, se limitaba a agachar la cabeza.

Tras las elecciones de dos mil doce, el odio de Los Chuchos a AMLO medró. Ya antes de esos comicios, Andrés Manuel advertía en asambleas privadas: “El PRD ya no tiene remedio; el futuro es Morena”. Los Perros se debieron tragar ese augurio. Y el tiempo le dio la razón a AMLO.

Hoy en día, Morena es considerablemente más competitivo política y electoralmente que el PRD. En únicamente un par de años, ya rige una gran parte de la CDMX, le compitió de tú a tú a la maquinaria priista en el Edomex (con todo y el respaldo enterrado de Juan Zepeda al PRI, tema que vamos a tocar en otra columna) y, sobre todo, tiene a su aspirante presidencial al frente de las encuestas más fiables.

En dos mil dieciocho, es enormemente posible y probable que Morena rija la capital del país y gane la presidencia de México. Si eso ocurriese mañana, ya a absolutamente nadie le sorprendería. Su fuerza política es indiscutible.

¿Y el PRD?

En la CDMX ha perdido fuerza y también repercusión. El pésimo gobierno de Migue Ángel Mancera, la corrupción de sus cooperadores más próximos – de la que ya se están integrando expedientes-, y su nula fiabilidad, ha llevado al partido amarillo no solo a situaciones de alarma, sino más bien asimismo vergonzantes.

Para el dos mil dieciocho, el PRD ni tan siquiera tiene aspirante presidencial fuerte. Mancera, Aureoles, Graco Ramírez o bien al que le pongan, son hechos añicos por AMLO. Ninguno tiene el nivel de aceptación ciudadana para pelearle la presidencia a López Obrador, y eso se refleja ya en encuestas y en los niveles de desesperación vergonzante que ha mostrado la presidente del PRD, la millonaria Alejandra Barrales, aliada de Mancera, con esa coalición obscura que pretende integrar con el PAN el próximo año.

Estresado por la fuerza de AMLO y Morena; abrumado en las urnas; ahogado en su irrelevancia, el PRD optó no por una refundación ni muchísimo menos por una renovación en sus cuadros, ideas y proyectos. No. Recurrió a la traición de principios, a la negación ideológica, al arrodillamiento político, a cambio de subsistir a corto plazo.

Mas la traición del PRD a la izquierda mexicana no le rendirá frutos. Fue un cálculo mal hecho, sobre las rodillas de la desesperación. Al aliarse con la derecha, lo único que hace el PRD es dar al partido a una vulgar supervivencia política a costa de lo que sea, y confirmar que la única opción para los izquierdistas – como lo afirmó AMLO en su instante-, es Morena.